Camus y su propuesta de: «elevar el lenguaje” del periodismo. Rastreando en los escritos de Camus periodista (agradezco un trabajo de María Santos Sainz), redactados hace más de medio siglo, encuentro varias sugerencias plenamente vigentes:
“En este oficio a la jactancia o a la estupidez no hay más que un paso…existe el peligro de dar a entender que creemos tener el privilegio de la clarividencia y la superioridad de los que no se equivocan jamás”, una sugerencia que debería presidir las redacciones y ser leída y recordada a cuantos intervienen en una tertulia o equivalente antes de sentarse a opinar. Llego más lejos, sería deseable que cuantos incurran en ese riesgo sean apercibidos con tarjetas amarillas o rojas, para que reflexionen y eviten la reincidencia.
“Que los artículos de fondo…tengan fondo y que las noticias falsas o dudosas no sean presentadas como verdaderas… no debemos publicar noticias probables o suposiciones misteriosas”, otro lema para presidir las redacciones y guiar el trabajo de redactores, redactores jefes, directores y, en última instancia, de los editores. No dar gato por liebre, no confundir lo verosímil o lo probable con los hechos.
“Un diario que acepta amañar sus cuentas para beneficiarse de una gran audiencia no tiene derecho a hablar de este país”, una proposición que tiene que ver con la honradez y la transparencia. La prueba del algodón de como los medios hablan de sí mismos y de sus competidores. Es asombroso como los medios mienten, falsean y manipulan la información que les concierne y a la que tienen derecho sus lectores. Rectificar esa mala práctica sería el primer escalón para recuperar la credibilidad. El segundo escalón sería gestionar con decencia y rectitud las “rectificaciones”, las quejas de los ciudadanos que se sienten maltratados por los medios.
“Por poco que conozcamos el mecanismo de la información, es fácil asegurarse de la autenticidad de una noticia. A ello debe dedicarse un periodista libre, porque si no puede decir todo lo que piensa, sí le es posible no decir lo que no piensa o lo que considera falso” Propuesta que apela a la conciencia y al carácter de cada periodista individual. No es casualidad o rareza que la Constitución reconozca la “cláusula de conciencia”, se trata de uno de esos derechos/deberes del periodista. La apelación a la misma en muchas redacciones contribuiría a evitar desviaciones y descrédito.
“Un diario independiente señala el origen de su información, ayuda al público a evaluarla, repudia el lavado de cerebro, suprime las invectivas, mitiga mediante comentarios la uniformización de las informaciones, en suma sirve a la verdad en la medida de sus fuerzas… Informar bien más que informar rápido, precisar el sentido de cada noticia con comentarios apropiados,…instaurar un periodismo crítico y no admitir que la política venza sobre la moral, ni que ésta caiga en el moralismo”. Una propuesta completa que reclama trasparencia, enseñar cómo se hace el trabajo, gestionar las fuentes con decencia.
Y concluyo con una especie de recomendación que casi parece un mandato: “la tarea de cada uno de nosotros es pensar bien lo que nos proponen decir, modelar poco a poco el espíritu de nuestro medio, escribir lúcidamente y no perder de vista la necesidad que tenemos de dar al país su voz profunda. Si hacemos que esa voz sea la de la energía en vez de la del odio; la de la orgullosa objetividad y no la de la retórica; la humanidad antes que la mediocridad, entonces muchas cosas se habrán salvado y nosotros no habremos defraudado”.

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